Tal vez André Breton me desterraría de sus círculos, pero me tiene sin cuidado, y he aquí un breve ejercicio de escritura automática surrealista que (inconscientemente) bien podría llevar dedicatoria para cierto ex-galán:
El gorila ocultista desglosó sus
prólogos circulares de meditaciones podridas con su crueldad Steampunk
por lo
que presentó quejas de que interrumpí su metódico estudio de secreciones
alimentarias y opiniones
residualesde facsímil vapor. El invierno automático
habría sido marmóreo, pero rompió su espontaneidad
disgustada, y muerta su
memoria que a la venganza actual lo inducía magnética, y en el discurso
preciosista
decreció la vibración del poderío artístico de su decir
escatológico. Este pensador de goma escribió su ética
sobre la pedagogía
autoritaria de una Alemania anacrónica.
Antes de queel lector suponga
que voy a soltar la aburridora hablando de mí misma, aclaro que si incluyo mi
experiencia es sólo como apoyo, porque me ha resultado difícil expresar en
palabras el proceso tan abstracto y sensorial que pretendo exponer, y porque pienso
que tal vez alguien se identifique, o se sienta animad@ a iniciar su propia
práctica de yoga. Y porque me dieron ganas, qué demonios.
Aunquenuestrainstructora
Yayasana Martínez nos recalca que el yoga es un camino personal, debo decir
que, por lo menos en mi caso, ella misma y mis compañeras han sido una pieza
fundamental. Mirar el avance de los demás es un aliciente, cuando estamos
libres del sentido de la competencia que es, creo yo, el peor lastre de nuestra
sociedad (y es a lo que se refiere Yaya
al decir que no estemos pendientes de la persona de al lado), y mis compañeras,
en especial las de edad avanzada, son poseedoras de un ánimo, sabiduría y poder
que me han hecho cambiar mi forma de percibir el universo de las posibilidades.
Quería encontrar un símil
adecuado, y al imaginar eso que yo percibo como un viaje, no lo vi lineal, sino,
como en la obra de Julio Verne, Viaje al
Centro de la Tierra, lo puedo definir como una sucesión de capas en las que
el individuo cava progresivamente, hasta llegar a un núcleo efervescente que siempre
estuvo allí, en la médula del planeta explorado: su propio ser.
Corteza: Cuerpo
Lo confieso: en un principio sólo
me acerqué al yoga porque necesito mantenerme en constante entrenamiento físico.
Estaba allí por la forma, en la ignorancia, porque tenía una noción superficial
de lo que se trataba el contenido, conceptos sueltos como “paz mental”, “relajación”
y la idea ambigua de que se trataba de una filosofía, lo cual mis tías
católicas ven con recelo, o incluso como algo diabólico, lo cual me parece
irrisorio, pero no más que el hecho de suponer que encontraría la iluminación
mística a través de mis estiramientos matutinos.
Con ese antecedente, mis metas
eran mantenerme en forma y superar la falta de flexibilidad que me hizo sufrir
en ballet y visitar el infierno en clase de acrobacia. Así es, a mí también me
parecen objetivos mezquinos e insignificantes ahora, pero estaba en otro
momento de la vida.
En principio, seguí dudando de lo
que había escuchado, porque, como estudiante, lo primero que se descubre es que
la cosa no es tan calmada como parece, incluso en una clase multinivel, y que
aquel que dijo que una va al yoga sólo a “relajarse” es porque nunca en su vida
ha hecho una solapostura (Asana). La realidad es que se necesita fuerza,
concentración, y aún más allá, estado de alerta, resistencia, especialmente para
la permanencia de asanas que a simple vista parecen sencillas, y vencerel
miedo a romperse los dientes o el trasero, como en los parados de manos o de
cabeza.
No obstante, acompañar el
movimiento con la respiración crea una armonía inevitable, incluso en términos
musicales, que tarde o temprano se alinea a otros niveles. Sin que me diera cuenta,
el yoga se empezó a filtrar desde mi piel y mis músculos al resto del cuerpo, y
de pronto noté que sanaba más rápida y efectivamente de enfermedades y
lesiones, pero en eso, más que las posturas en sí, comenzó a entrar en juego la
mente, y lo que la ciencia llama cuerpo electromagnético, y el hinduismo siempre
reconoció comochacras.
Manto superior: Mente.
La sanación física y relajación
de órganos internos se logra a través de los ejercicios terapéuticos y la
respiración correcta, pero en un porcentaje menor a lo que cabría suponer. Durante
la concentración final en postura de cadáver (Savasana), mi instructora nos
asegura que la simple acción de pensar en la parte enferma envía calor a la zona
de inmediato, lo cual es perceptible antes de que ella termine la
frase.
Y precisamente de algo tan patente,
llega el entendimiento de que se puede sanar más que un tirón o una gripa, y se
trasciende por fin a esa parte que al principio sonaba inverosímil. Hay cosas
que no son físicas, pero duelen, como traumas, emociones y actitudes negativas
que son peores que una enfermedad, porque no sólo nos hacemos daño a nosotros
mismos, sino a otras personas que no tienen nada que ver con lo que nos aflige.
El origen de todo eso no está en el pasado, ni en quienes nos dañaron, sino en
los pensamientos y creencias que seguimos cargando a diario, y que engendran
nuestro conjunto de emociones.
Manto: Emociones
En el video que incluyo en este
post, que es la primera parte de un documental sobre un proyecto de yoga en las
cárceles en el que participa mi instructora, se demuestra a qué grado llega el
trabajo personal y el control deemociones en esta disciplina. En este material
podemos escuchar testimonios extremos de hombres a los que les pasaron
cosas realmente espeluznantes, ante las cuales reaccionaron de la peor manera
posible, y aun así con sus clases de yoga han encontrado una esperanza, y
algunos de ellos pueden hasta desarrollar su lado más luminoso.
En una escala mucho menor a la de
un criminal, desde luego, tod@s tenemos historias de injusticias y pérdidas, y
cosas de las que no nos sentimos orgullos@s, pero si esas personas que siempre
hemos considerado perdidas pueden llegar a superar los horrores que vivieron, y
novolver a infligir dolor a nadie, creo que tod@s podemos.
Hay varios conceptos que ayudan,
pero el que me parece fundamental es Ahimsa, que significa No Violencia, y se
aplica en las Asanas como no ir más allá de los límites físicos, y así no
violentar tu cuerpo, pero que obviamente se refiere a no ejercer la violencia
en ningún momento.
Hacer una postura complicada de
esas que vemos todo el tiempo por aquí en el internet no sirve para presumirle
a los amigos, sino que el llegar allí es el símbolo de haber logrado eso que nos
parecía imposible, pero progresivamente y sin forzarlo, y podría seguir al
infinito encontrando símbolos aplicables a la vida diaria en cada postura y
secuencia...
Núcleo: Espíritu
Esto sí es imposible definirlo.
Es un momento demasiado íntimo, y cada persona sabrá cuando logra llegar hasta
aquí. Lo único que puedo contar es que descubrir esta fuerza ha sido para mí,
no el final del viaje, sino el verdadero punto de partida.
En estas tierras nos convertimos
automáticamente en una especie de súperhumanos, debido a la composición de la
atmósfera y el agua, por lo que la gente no muere jamás por causas naturales,
accidentes, ni mucho menos intoxicada. Para evitar la sobrepoblación, el
gobierno tuvo que idear un programa de “limpieza”, que consiste en elegir
aleatoriamente, por medio de una tómbola, a un ciudadano, exceptuando a los
grandes artistas y científicos que estén considerados como de alto valor, y con prioridad
de acuerdo a la edad, para ser sacrificado de la única forma posible:
decapitación. Por supuesto, se tiene la compasión de anestesiar al sujeto y darle una última oportunidad de seguir viviendo: participar en un juego de mesa
o deportivo que, de ganarlo, le garantiza irse a su casa y esperar a que el sorteo lo
desfavorezca de nuevo.
Cuando la tómbola escupa el
nombre de alguno de ustedes, tocará a su puerta un representante de la oficina de
la Torre de Designación de Destino Final (conocida coloquialmente como “El Rastro”), y extenderá un documento que especifica el día y la hora en que la
persona debe presentarse en la marmórea escalinata de la TDDF, y en qué consiste el reto que enfrentará. No intenten
huir o esconderse, porque la pena es el degüello inmediato, sin derecho a
juego, y siempre dan con los miedosos.
Desde luego, aquí entre nos,
los ricos y los políticos rara vez se ven obligados a
comparecer, o suelen salir victoriosos de su prueba, sin un monitoreo público
adecuado, o porque los dejaron ganar deliberadamente. A eso se debe la manifestación
que vimos al pasar por la plaza, y les aseguro que la próxima semana el líder
de los rebeldes tendrá que visitar el rastro, y que le tocará jugar ajedrez con
la máquina, algo casi imposible de ganar. Así son las cosas.
En fin, hemos llegado a sucondominio. Felicidades por haber sobrevivido a la segunda hecatombe terrestre,
y sobre todo por haber sabido utilizar el transbordador SER-45, que los trajo automáticamente
hasta aquí. Ahora sólo les deseo que se adapten a esta nueva sociedad donde ya
no contamos con la única democracia real que teníamos antes, la de la muerte.
En su silla aún parece observar
pues de alguna forma se quedó el humo de suluna ocular junto al puro final que fumó
El frío mar hoy cubre su faz
pero sobre el muelle su andar no se apagó ni se apagará comoun suave reflejoestelar
Su barco zarpó en un día de abril,
y la noche en agua se tornó
como un charco negro estancado
que cobija su cuerpo senil.
Ve, cínico viejo, olvidado:
los peces que querías atrapar
eran los sueños enredados
en tu cabellera de sal, ytuantiguo ideal marinero noes más queunperdidovelero
sobre la inmensidad sideral.
Comoun rumor de pájaros resuena
tu presencia por aquí. Aspiro a tener tu capacidad de pasar de una cosa a otra,
e ignorar esos ruidos constantes que hace el pasado, como una psicofonía de lo
vivido. Pero no puedo, presto oído y entonces te imagino cuando me elegiste
aleatoriamente como tu confidente, y depositaste en mis manos aquellos pájaros
fantasma, pero cuando todavía estaban vivos, tibios y palpitantes, y luego los
liberábamos y los veíamos reflejar sus colores vívidos en el techo de diamante
deaquelinvierno. Entonces llorabas –tus lágrimas fluían tan fácil - y
soltabas alguna reflexión poética. Yo, entretanto, tenía hambre, y te instaba a
cortar la charla y salir por comida. Y así íbamos con nuestros cuerpos de fideo,
como gemelos unidos por un hilo que nunca nos importó desenmarañar, cual
solteronasque se dirigen a misa. Curiosamente, la primera vez que te acompañé
a la calle fuimos en pos de un poema, y tus groupies
morían decelos. Se retorcían enfurecidas y redoblaban sus esfuerzos por asir
un trozo de tu atención. Lo que no sabían es que entre nosotros, por lo menos
de mi parte, no existía ninguna aspiración erótica, y según ciertos chismes,
tampocode la tuya, para mí o para ninguna. Alguna de ellas se acercaba, sólo
para terminar obliterada por tu indiferencia ácida.
—Yo soy archi-duper-hiper
positivo— me informabas —y cuando alguien no me agrada, lo desecho—. Y así te
ibas sacudiendo como el polvo, las “malas vibras”, que corrían a lloriquear por
losrincones. A mí me tachabas de cruel, pero, lejos de desecharme, esa
crueldad te parecía un enigma, una libélula que seguías ávidamente en la oscuridad.
Nos mentimos al creer que éramos
una fuerza indivisible, pero la distancia y los años se carcajean de esas
suposicionesingenuas. Cuando volví a verte, el diamante se había desplomado.
Los añicos filosos aún brillaban bajo nuestros pies, pero mi último y gran acto
decrueldad, que antes tantogozabas, no lo soportaste. Yo sabía lo que iba
pasar a continuación porque aplicaste tu procedimiento clásico de limpieza y
levantamiento de muros de acero.
¿Cómo llegué a conocerte tan bien
en tan poco tiempo? Por tu culpa. Cometiste el descuido de diseccionarte frente
a mis ojos en aquellos días de frenesí casi psicótico, y tras la cascada fría
de la vida real ya no te gustó descubrir hasta qué punto yo había hurgado en
las entrañas y los nervios de tu carácter. El mismocapricho que te llevó a
posarte sobre mi hombro, te instó a esfumarte irreversiblemente, porque lo
sabes: la mariposa esquiva siempre fuiste tú.
No veoelcaso a intentar
comprender el misterio que nos unió y separó. Es inefable. Podría concluir con
que nos idealizamos, pero es un veredicto cliché, y, a final de cuentas, una
vez que se ha cerrado y endurecido como una esfera flotante, todo amor es
ideal.
Narraré
la experiencia de recorrer una avenida transitada en particular, con el sencillo
objetivo de comprar fruta, en mi ciudad natal, Morelia. Sospechoqueaplica a
cualquier avenida comercial urbana y popular en nuestro país, e incluso me
aventuraré a decir que algo similar ocurre en otras partes del mundo. La ruta,
para que mis conciudadanos se vayan dando una idea, comprendió desde la plaza
Carrillo, para tomar Benedicto López (comúnmente conocida como Lázaro Cárdenas,
porque en algún punto efectivamente toma ese nombre), hasta el mercado Independencia,
en domingo a las dos de la tarde.
Aunque
aún no son sus horas de oficina, lo cual el ardiente sol no me permite olvidar
ni un segundo, en Carrillo ya hay un par de damas de la vida galante. Estaban
sentadas en una banca de la plaza. Una llevaba un top de piedras de colores que
seguramente adquirió en los ochenta, y su rostro curtido me inspiraba una
profunda tristeza, y la otra no era una chica, por más que se esforzaba en
parecerlo. Me dio coraje que sea tan natural rentar gente como mercancía, pero
poco duró mi soliloquio interno de indignación, porque necesitaba concentrarme en
cruzar la calle de Abasolo, donde no hay ni un semáforo, y una corre el serio peligro
de ser brutalmente arrollada por –al menos- cuatro flancos. Después desortear
cinco camionetas estacionadas en doble fila, mientras una motocicleta se
aproxima como bólido, y casi cercenarme la pantorrilla con una defensa, consigo
llegar a la acera, sólo para toparme con un cargador que viene a toda velocidad
directo a mí con todoy costal a cuestas. A partir de aquí y hasta el final demirecorrido, me preguntaré a menudosiya me morí y no me he dado cuenta, como
el personaje de Bruce Willis, porque mucha gente sigue su camino directo a mi
persona sin percatarse, al parecer, de que existo, y en otros momentos llegué a
pensar que, algo así como en El traje del
Emperador, yo creía que llevaba unos jeans
y una camiseta de Los Simpson, pero
en realidad había olvidado vestirme en absoluto, a juzgar por las miradas de
varios señores ya entrados en años y de no muy buenos bigotes.
En
fin, dejando de lado mis delirios de invisibilidad, ya en la acera de la
primera cuadra, junto con los abuelos lascivos, hay un mar de personajes que se
dieron cita para comprar chácharas en el tianguis (mercadillo) que se pone todos
los domingos en esta zona, entre ellos una señora que va blandiendo un bebé
como si fuera su escudo, alguien que abanica un anafre ardiente, para que su
humareda se entremezcle con la contaminación del transporte público, un
ranchero que decidió quedarse parado en mitad de la calle en jarras, mujeres y
hombres con las cejas depiladas, y una parejita que se besa apasionadamente
contra la pared, y que ocupan la mitad de la banqueta, por lo cual hay que ladear
el hombro para pasar por el tramo de treinta centímetros que dejaron, y
esquivar el piecito del novio, que se levanta románticamente por los aires de
vez en cuando. Esos son algunos de los
obstáculos humanos que hay que sortear, pero en la siguiente cuadra también hay
varios vasos de plástico que solían contener fruta con chile, bolsas de basura
y hasta una botella de cerveza, si no es que los propios comensales sentados en
el suelo y los quicios, todo lo anterior bonitamente ambientado con un popurrí
de Jenni Rivera y otro de Lady Gaga sonando en conjunto a todo volumen una y
otra vez, precedidos por algún prólogo parecido a “Producciones Barba-Azul pre-pre-presentaaaa”, los claxon de los automovilistas
desesperados porque no avanzan más que dos centímetros por minuto y una voz
gutural que promete a gritos que sus productos son muy bara-bara. Me sorprende ver a una pequeña compañera que también se
abre paso con mucho trabajo entre los transeúntes. Al menos su angustiosa soledad
termina cuando se reúne con más de las suyas en fila india. Porque en nuestro
amado barrio hay una que otra cucaracha, hay que mencionarlo. Tuveelimpulso
de saltar sobre ellas, porque en este punto es imposible no sentirse como Mario
Bros., sólo que no obtendría monedas y mejor ahí muere.
En
fin, prosigo. En las siguientes calles, la situación empeora gradualmente (es
como subir de nivel). Se aproxima un ejército de familias con bultos, que adultos
y niños cargan sin distinción. Vinieron al mercado a surtirse para toda la
semana, y ahora regresan a sus lejanas rancherías. En Morelos Sur sí hay
semáforo para cruzar, y es como un respiro preparatorio, porque a partir de
este momento podría decirse que comienza el verdadero combate. La calle se hace
muy angosta porque a los dueños de las tiendas de abarrotes y artículos de
cocina les pareció una excelente estrategia de marketing exhibir sus existencias sobre la acera, y es necesario
bajarse al sangriento ruedo donde se fragua la lucha sin tregua para darse paso
entre la multitud. Por fin logré librarme de los empujones, cachetadas y amenazas
de robo de cartera, y en mi ingenuidad me dije que ya casi llegaba al mercado,
pero no contaba con la base de camiones urbanos y foráneos que allí opera, por lo
cual me vi obligada a pararme en seco y esperar hasta que los pasajeros se
disiparan. Todos están desesperados por ganarse un buen asiento. Las mujeresbalancean
precariamente a sus niños llorones y los envoltorios más bromosos y pesados
para entrar al vehículo, que se parece más a una lata pisoteada gigante. Entretanto,
sus maridos ponen su peor cara, mientras cargan la bolsa más pequeña, porque su
vieja ya se tardó en subir. Por fin, se marchó ese camión, con el riesgo de
desarmarse al primer enfrenón, y sigo mi camino, hasta que el torso flotante de
un maniquí se estampa en mi cara.
Hemos llegado
al mercado, donde varios ambulantes se apostaron en toda la acera, con la
delicadeza de dejar libre medio metro, por donde tenemos que acceder y salir todos.
Adentro, todavía me esperaban un enjambre de abejas peleándose una piña, imposible
de esquivar, y varias piñatas colgando de los puestos, con sus afilados picos justo
a la altura de losojos. Al fin obtuve mis plátanos, guayabas y fresas… y ahora
debo regresar exactamente por donde mismo, detrás de un vagabundo que huele a
pipí y no tiene ninguna prisa.
Antígona se enfrenta a una terrible
encrucijada: enterrar a su hermano, como lo dicta la ley divina, y que la sepulten viva por ello, u obedecer a su tío, el rey Creonte (ley humana) y sobrevivir. Su
vida desemboca en semejante dilema, pero desde su origen enfrenta una situación
complicada: su madre, Yocasta, es a la vez su abuela, y su padre, Edipo, su
hermano. Acompañó a Edipo en el trance final de su vida, después de que se
arrancó los ojos ante la vergüenza de su incesto imprudencial, por lo que a
raíz de esta fuerte experiencia, podemos juzgar como antecedente su
determinación para sacrificarse por un miembro de la familia, que por lo menos es más grande que
la de su hermana Ismene.
Los
patrones de sus padres son repetidos por ella: al igual que Edipo, aunque con
considerables atenuantes al comparar ambas historias, transgrede una ley
fundamental; en su caso una social, ya que el deber del ciudadano es obedecer los
mandatos de su gobernante. Antígona entierra a quien Creonte ha decretado que
se trata de un traidor, por lo cual ella se convierte automáticamente en lo
mismo. Edipo también fue un traidor, aunque inconciente, al matar a su padre y
desposar a su madre. Y tras cometer un error nacido de la soberbia, intenta imponer
ciegamente que tiene la razón, lo mismo que Antígona, la cual ante la
anagnórisis (conciencia) reacciona del mismo modo que su madre: se ahorca. En
cuanto a sus hermanos Etíocles y Polinices, repiten también el patrón de la sed loca de
poder, hasta que se matan entre sí. Por su parte, Ismene decide deslindarse de
todo.
Creonte también se
halla ante la paradoja de enterrar a su sobrino y cumplir el deber de
gobernante. Opta por lo segundo, puesto que cree fervientemente que lo que
Polínices ha hecho al atacar Tebas es una alta afrenta, pero sobretodo porque
quiere mantener impoluta su autoridad . De repente, Antígona lo contradice, aún
sabiendo lo que le sucederá si lo hace, y él, aunque con un profundo dolor,
decide castigarla porque ve amenazado su poder, lo cual deja muy claro todo el
tiempo que esa es su absoluta prioridad. Ambos defienden sus posturas, a pesar de
los horrores que saben que sobrevendrán, porque así como Antígona conoce lo que
ocurrirá en cuanto sepulte a su hermano, el momento en que Tiresias vaticina la
muerte de Hemón (hijo de Creonte y prometido de Antígona), es sólo la
confirmación de lo que Creonte SABE que será una consecuencia lógica de la
muertede Antígona. Por cierto, es curioso que el vaticinio de muerte lo haga
un ciego, como Edipo… aunque tampoco estoy muy segura de que eso venga al caso.
En conclusión, por obstinarse en
sus inamovibles puntos de vista, la una pierde la vida, y el otro a su familia,
lo cual es algo común en este linaje marcado por una avalancha de decisiones trágicas,
que van desde Layo hasta Antígona.