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La instructora Yayasana Martínez en acción |
Antes de que el lector suponga
que voy a soltar la aburridora hablando de mí misma, aclaro que si incluyo mi
experiencia es sólo como apoyo, porque me ha resultado difícil expresar en
palabras el proceso tan abstracto y sensorial que pretendo exponer, y porque pienso
que tal vez alguien se identifique, o se sienta animad@ a iniciar su propia
práctica de yoga. Y porque me dieron ganas, qué demonios.
Aunque nuestra instructora
Yayasana Martínez nos recalca que el yoga es un camino personal, debo decir
que, por lo menos en mi caso, ella misma y mis compañeras han sido una pieza
fundamental. Mirar el avance de los demás es un aliciente, cuando estamos
libres del sentido de la competencia que es, creo yo, el peor lastre de nuestra
sociedad (y es a lo que se refiere Yaya
al decir que no estemos pendientes de la persona de al lado), y mis compañeras,
en especial las de edad avanzada, son poseedoras de un ánimo, sabiduría y poder
que me han hecho cambiar mi forma de percibir el universo de las posibilidades.
Quería encontrar un símil
adecuado, y al imaginar eso que yo percibo como un viaje, no lo vi lineal, sino,
como en la obra de Julio Verne, Viaje al
Centro de la Tierra, lo puedo definir como una sucesión de capas en las que
el individuo cava progresivamente, hasta llegar a un núcleo efervescente que siempre
estuvo allí, en la médula del planeta explorado: su propio ser.
Corteza: Cuerpo
Lo confieso: en un principio sólo
me acerqué al yoga porque necesito mantenerme en constante entrenamiento físico.
Estaba allí por la forma, en la ignorancia, porque tenía una noción superficial
de lo que se trataba el contenido, conceptos sueltos como “paz mental”, “relajación”
y la idea ambigua de que se trataba de una filosofía, lo cual mis tías
católicas ven con recelo, o incluso como algo diabólico, lo cual me parece
irrisorio, pero no más que el hecho de suponer que encontraría la iluminación
mística a través de mis estiramientos matutinos.
Con ese antecedente, mis metas
eran mantenerme en forma y superar la falta de flexibilidad que me hizo sufrir
en ballet y visitar el infierno en clase de acrobacia. Así es, a mí también me
parecen objetivos mezquinos e insignificantes ahora, pero estaba en otro
momento de la vida.
En principio, seguí dudando de lo
que había escuchado, porque, como estudiante, lo primero que se descubre es que
la cosa no es tan calmada como parece, incluso en una clase multinivel, y que
aquel que dijo que una va al yoga sólo a “relajarse” es porque nunca en su vida
ha hecho una sola postura (Asana). La realidad es que se necesita fuerza,
concentración, y aún más allá, estado de alerta, resistencia, especialmente para
la permanencia de asanas que a simple vista parecen sencillas, y vencer el
miedo a romperse los dientes o el trasero, como en los parados de manos o de
cabeza.
No obstante, acompañar el
movimiento con la respiración crea una armonía inevitable, incluso en términos
musicales, que tarde o temprano se alinea a otros niveles. Sin que me diera cuenta,
el yoga se empezó a filtrar desde mi piel y mis músculos al resto del cuerpo, y
de pronto noté que sanaba más rápida y efectivamente de enfermedades y
lesiones, pero en eso, más que las posturas en sí, comenzó a entrar en juego la
mente, y lo que la ciencia llama cuerpo electromagnético, y el hinduismo siempre
reconoció como chacras.
Manto superior: Mente.
La sanación física y relajación
de órganos internos se logra a través de los ejercicios terapéuticos y la
respiración correcta, pero en un porcentaje menor a lo que cabría suponer. Durante
la concentración final en postura de cadáver (Savasana), mi instructora nos
asegura que la simple acción de pensar en la parte enferma envía calor a la zona
de inmediato, lo cual es perceptible antes de que ella termine la
frase.
Y precisamente de algo tan patente,
llega el entendimiento de que se puede sanar más que un tirón o una gripa, y se
trasciende por fin a esa parte que al principio sonaba inverosímil. Hay cosas
que no son físicas, pero duelen, como traumas, emociones y actitudes negativas
que son peores que una enfermedad, porque no sólo nos hacemos daño a nosotros
mismos, sino a otras personas que no tienen nada que ver con lo que nos aflige.
El origen de todo eso no está en el pasado, ni en quienes nos dañaron, sino en
los pensamientos y creencias que seguimos cargando a diario, y que engendran
nuestro conjunto de emociones.
Manto: Emociones
En el video que incluyo en este
post, que es la primera parte de un documental sobre un proyecto de yoga en las
cárceles en el que participa mi instructora, se demuestra a qué grado llega el
trabajo personal y el control de emociones en esta disciplina. En este material
podemos escuchar testimonios extremos de hombres a los que les pasaron
cosas realmente espeluznantes, ante las cuales reaccionaron de la peor manera
posible, y aun así con sus clases de yoga han encontrado una esperanza, y
algunos de ellos pueden hasta desarrollar su lado más luminoso.
En una escala mucho menor a la de
un criminal, desde luego, tod@s tenemos historias de injusticias y pérdidas, y
cosas de las que no nos sentimos orgullos@s, pero si esas personas que siempre
hemos considerado perdidas pueden llegar a superar los horrores que vivieron, y
no volver a infligir dolor a nadie, creo que tod@s podemos.
Hay varios conceptos que ayudan,
pero el que me parece fundamental es Ahimsa, que significa No Violencia, y se
aplica en las Asanas como no ir más allá de los límites físicos, y así no
violentar tu cuerpo, pero que obviamente se refiere a no ejercer la violencia
en ningún momento.
Hacer una postura complicada de
esas que vemos todo el tiempo por aquí en el internet no sirve para presumirle
a los amigos, sino que el llegar allí es el símbolo de haber logrado eso que nos
parecía imposible, pero progresivamente y sin forzarlo, y podría seguir al
infinito encontrando símbolos aplicables a la vida diaria en cada postura y
secuencia...
Núcleo: Espíritu
Esto sí es imposible definirlo.
Es un momento demasiado íntimo, y cada persona sabrá cuando logra llegar hasta
aquí. Lo único que puedo contar es que descubrir esta fuerza ha sido para mí,
no el final del viaje, sino el verdadero punto de partida.
Me encanta como lo cuentas, preciosa!!!
ResponderBorrar¡Muchas gracias amigo! Me dio mucha emoción tu comentario porque es el primero en el blog. Te mando un gran abrazo y espero que te encuentres muy bien.
BorrarRecíen he podido abrir tu blog Vane, no tenía internet decente (salvo el muuuy censurado de mi oficina) desde hace como año y medio, he empezado a hacer yoga con un poco más de constancia y la verdad si es una maravilla, después nos contamos como nos sigue yendo en esta práctica que a mi siempre me ha encantado pero no había encontrado los medios o el espacio para hacerlo y estoy descubriendo esa experiencia, concuerdo con tus letras al respecto, un abrazo! :)
ResponderBorrar¡Muchas gracias por leer! Así es, el yoga para mí fue una enorme bendición, y ya compartiremos más. Un gran abrazo de vuelta.
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