 |
Foto: Alejandro Escamilla |
Nora contra el estado narcoléptico, parte 1.
“TAM
CONTRA EL ESTADO DE ALTIGIA”, CAPÍTULO 57.
FADE
IN:
INT.
ESTUDIO DE REBECA. -TARDE
Tamara
y Celia lograron escalar por la fachada del edificio, y se encuentran en el
estudio de Rebeca Millán, acondicionado en la buhardilla en una de las muchas construcciones
de la urbanización de sus padres. Se sorprenden al encontrar un lugar
impecable, decorado con buen gusto y repleto de indicios de un alto nivel
cultural. Hay un violonchelo apoyado en una esquina, y en el centro, una mesa larga
puesta para varios comensales.
TAMARA
Después
de revisar la finísima colección
de discos de reggaetón y hip-hop de su
hermano, y de conocer los modales del
resto de la familia Millán, no me
esperaba
algo así.
CELIA
Independientemente
de su parentela, una no
pensaría jamás que la mujer que vive aquí
es Rebeca Millán.
Ambas
revisan las pertenencias de Rebeca. Celia descubre en un cajón del buró una
fotografía en la que Alonso Expósito aparece feliz con el grupo de amigos de
Rebeca y su hermano.
CELIA
¡Tam!
TAMARA
¿Encontraste
algo?
CELIA
Mira
esto, integraron a Alonso como uno
de sus amigos.
TAMARA
Y
trataron de hacernos creer que…
Tamara
levanta la mirada y descubre el rostro blanco de Rebeca, que lleva suelto su
largo cabello castaño, observándolas tranquilamente desde el balcón. Se acerca
a confrontarla. Celia la sigue.
REBECA
¿Están
disfrutando irrumpir en mi casa?
CELIA
¿Por
qué asesinaste a Alonso?
REBECA
No
entiendo por qué dos mujeres como ustedes
se dedican a esta labor inútil. Desde
luego
que lo maté porque me dieron ganas, y punto.
TAMARA
Tiene
que haber una razón de fondo.
REBECA
Era
un huérfano solitario. Si a nadie le
importa, no hay ningún mal en matar a
alguien. ¿No lo habían pensado? (las mira
con una sonrisa sarcástica) Desde luego
que
no…
CELIA
A
nosotras sí nos importa.
TAMARA
Hemos
notado que no encajas muy bien con tu
familia. Al ver la obsesión con la
violencia
que tiene tu hermano, puesto que también
acabamos de “disfrutar”
irrumpir en su habitación,
no me asombra que haya golpeado de esa forma
a
Alonso antes de su muerte, pero tú…
REBECA
¿Cómo
saben tanto al respecto?
TAMARA
No
sabemos tanto, lo sabemos todo. Te diré
de dónde sacamos la información, si tú
me
expones tus motivos.
REBECA
De
acuerdo. (Tras una larga pausa:) Amo
el sonido de las venas al romperse al
encajar
el cuchillo en un cuello, y no hay nada más
hermoso que el rostro de un
hombre cuando
agoniza.
CELIA
Lo
cual significa que no es el primer
cuello que atraviesas…
REBECA
No
dije eso.
TAMARA
Alonso
se parecía mucho a tu hermano, en lo
físico y en el carácter. ¿No será que
inconscientemente quieres eliminarlo a él?
REBECA
¡Cállate
o te dejaré irreconocible!
Rebeca
se lanza contra Tamara, pero ésta la inmoviliza con facilidad.
TAMARA
¿Lo
grabaron todo, muchachos?
La
mano con el pulgar levantado de Ernesto surge a través de una ventana.
CELIA
Por
suerte, cada vez es más la gente que
apoya nuestro movimiento. En este instante,
la enorme pantalla del centro de la ciudad
ya transmite lo que acaba de suceder
aquí.
El
equipo se dispone a marcharse.
REBECA
¡Espera!
Me prometiste que me dirías la
forma en que se enteraron de todo.
TAMARA
Ah,
sí… Jamás he sido una mujer de palabra,
lo siento.
CORTE
A:
INT.
LA OFICINA DE TAMARA Y CELIA.-NOCHE
CELIA
Le
hicimos creer a Rebeca que ya sabíamos
que ella perpetró el ataque final contra
Alonso. ¿Nos quieres decir por qué no
filmaste ese momento, ni la delataste?
CARLOS
Porque
no lo sabía y…
TAMARA
Oh,
quita ya la cara de idiota, Carlitos.
El mismo motivo por el que tú apagaste
tu
cámara, es por el que nosotras la
descubrimos. Te empeñaste tanto en
protegerla, que hiciste evidentes un par
de hechos: que ella había sido la
cuchillera, y que estás enamorado.
Carlos
se siente descubierto y agacha la mirada. De repente, toma una decisión.
CARLOS
No
apagué la cámara, tengo el video en
el que Rebeca asesina a Alonso… ojalá me
hubiera asesinado a mí, porque cuando mata
a un hombre, significa que lo ama.
Nora bajó la tapa de su computadora, harta de Tam y su
tribu, con sus aventuras justicieras de poca monta.
Todo comenzó cuando un
productor de televisión lanzó una convocatoria para encontrar nuevas ideas para
una serie. Ella envió la sinopsis que se le había ocurrido en la sala de espera
del dentista:
“Altigia es una ciudad
de ficción donde, después de una cruda revolución, se proclama la anarquía
absoluta como política oficial. Entonces, un grupo de amigos se une para parar
la degradación de su sociedad, o al menos ponerla en evidencia. Viven al margen
de esta comunidad, como si ellos fueran los criminales, porque la defensa del
orden y la moral no son aceptadas, o por lo menos populares. Sin embargo,
impelidos por un sentido de ética natural, gran parte del pueblo colabora con
ellos clandestinamente”.
No sólo le compraron la idea, sino que la contrataron para
realizar el libreto del programa piloto… con ciertas condiciones, que implicaban
abaratar un tanto el concepto original, y convertir a Tamara Girón, la
protagonista, en un personaje sarcástico y plagado de clichés, que usaba hot-pants cotidianamente y terminaba en
la cama con gran parte del elenco masculino. Sin embargo, el productor tuvo
toda la razón al suponer que sabía lo que le gustaba al gran público, porque la
serie gozó de un enorme éxito, aunque la crítica no siempre era muy benévola,
al tacharla de ser una calca de las series policíacas de Estados Unidos y de
Sherlock Holmes. La villana favorita de la audiencia (y de los licenciosos ciudadanos
de Altigia) era Rebeca Millán, una bella, carismática y delicada joven que
aprovechaba su inofensivo aspecto para cometer toda clase de retorcidas
felonías. El productor y los ejecutivos habían ordenado en la última junta que
se convirtiera en el personaje antagónico fijo. Eso no le
había gustado a Nora, porque Rebeca sólo debía aparecer en un par de capítulos,
y aquello terminaba de dar al traste con todo el argumento que tenía preparado.
Sin embargo, esta vez no se quejó de los lugares comunes, ni de la manera en
que sus queridos personajes femeninos solían terminar convertidos en una caricatura
hipersexualizada, porque, al igual que a los fans, le encantaba el personaje de Rebeca, pero, principalmente, porque no tener que poner
tanta dedicación en la serie le dejaría algo de tiempo para escribir lo que
realmente deseaba: cuentos y novelas en tono naturalista. No le generaría tantos
dividendos como “Tam contra el estado de
Altigia”, pero haría aquello por lo que inicialmente se convirtió en
escritora.
Aunque se hastiaba a veces de inventarse tantos casos
criminales, que a la larga es inevitable que se vuelvan repetitivos y poco
originales, encontró nuevos bríos a partir de su nuevo proyecto para terminar también
todos los libretos de la temporada, sin saber, en medio de su alegre inspiración, que el ataque del efecto caracol de sus pesadillas acechaba a la vuelta de la esquina...