sábado, 30 de mayo de 2015

LEANDRA LEYVA EN EL BUCLE.



Imagen de HebiPics en Pixabay

Entonces, por fin regresé a la oficina, y cuando abrí la puerta descubrí que todos los recibos estaban desparramados sobre la mesa de nuevo. Estuve a punto de gritar como un simio en pie de guerra, pero el Licenciado Legorreta estaba sentado en una silla frente a mi escritorio con todo y su nariz de plomo, así que hice como que todo estaba bien.

Proseguí a sentarme y  preguntar qué lo traía a nuestro despacho a esa hora (era la hora de la comida). 

—Me dijo mi abogado—explicó—que debería demandarlos a ustedes por la cláusula 714.

—Si no mal recuerdo, se la expliqué detalladamente—había tardado unas tres horas y media en que comprendiera—y usted estuvo de acuerdo. 

—Así es.

—¿Entonces?

—Lo que dice mi abogado es que no debí. Así que sólo vine a hacerle una visita de cortesía para avisarle que se prepare para el citatorio. Con permiso. 

Salí a comer, con dos horas de atraso y las tripas pegadas a la columna vertebral, después de apilar los recibos, aunque no terminé de ordenarlos del todo, con la mala pata de que me topé con Leodegaria, que me venía a presumir su nuevo anillo de compromiso, que parecía un grano de sal de mar enorme pegado a su piel. 

—Ay, de una vez te acompaño a comer. 

Rayos. Allí se encargó de recordarme cada vez que pudo que el amor de mi vida se había casado con mi archienemiga de la preparatoria y luego me obligó a acompañarla a un evento en el centro.

Se me caen casi todos los botones de la blusa en mitad del gentío. Los coso luego, me digo, en un intento por guardar la serenidad. 

Se abren las persianas de un edificio y aparecen un par de ojos gigantes vivos, monstruosos, casi diabólicos. En las otras ventanas hay un performance con unas mujeres que parecen prostitutas en bikinis neón. Todos aplauden, resulta que eso era lo que me había llevado a ver Leodegaria. Por cierto… ¿dónde está ella? Me doy cuenta de que estoy perdida. Se me ve el brasier y un señor se lame los labios de una forma repugnante. Parece que cree que soy parte del espectáculo.  

De repente recuerdo que tenía la urgencia de entregarle la base de datos de cada gasto del año a mi cliente principal. Lo bueno era que le había encargado a Luciano que organizara los recibos por fecha. Lo malo era que no tenía idea de dónde estaba, luego el piso se mueve, los rostros se deforman, lo último que escucho es un grito agudo a un milímetro de mi oreja…

Al día siguiente desperté en un banco con un golpe en la cabeza. Hubo un terremoto y yo perdí el conocimiento hasta las doce del día. Descubrí que el pavimento se levantó en espiral, como un tornillo retorcido, y los ojos gigantes allí siguen a través de las ventanas, observándolo todo. 

¡Qué tarde! ¡La oficina! Pero primero, al doctor a checar la contusión. Me prescribe estricto reposo y un emplasto viscoso.

Entonces, por fin regresé a la oficina, y cuando abrí la puerta descubrí que todos los recibos estaban desparramados sobre la mesa de nuevo. Estuve a punto de gritar como un simio en pie de guerra, pero el Licenciado Legorreta estaba sentado en una silla frente a mi escritorio con todo y su nariz de plomo, así que hice como que todo estaba bien.



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sábado, 25 de abril de 2015

PARA ESPICHARLA EN UN ACCIDENTE, POCO ESFUERZO REQUIERE LA GENTE.

Fotografía de Ryan McGuire

Paca y Celso se hartaron de cerveza
En su añorado viaje a la naturaleza,
Pero el fuego que soñaron erótico
Resultó literal y caótico.

Oculto entre un maizal marchito
Fabián se regodea en un exitoso delito,
Mas dura poco su satisfacción
Cuando el arma en su posesión
Se dispara en su dirección

En un estrépito torpe de gozo,
Enriqueta en la fiesta pisóse el rebozo
Y como en la salsera fina que regaló
El  cristal cortado su cara engalanó.

Por eso, no te empapes de alcohol junto a la fogata,
Mira bien de qué lado está la culata
Y trata de no caer sobre los platos
o acabarás como estos insensatos.




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sábado, 18 de abril de 2015

HUBIERA PODIDO, PERO NO.


Foto de Niklaus Hunziker

Cual Caperucita Roja urbana, mi nieto me trajo los panqués que hace su madre en un recipiente de plástico para que me los llevara como refrigerio a mi recorrido a Xico para personas de la tercera edad. Después de guardarlos en mi gran bolso de mimbre, aún tibios, me puse la pamela a rayas color malva que me había regalado mi esposo Armando, y un poco de labial de un tono similar, lo único que me faltaba para estar lista. 

Este tour era perfecto para mí, pues tenía un trabajo que hacer en Xico, y el precio del viaje era menor que simplemente comprar el boleto redondo, al considerar que incluía hospedaje y comidas. Encima, me convenía para mi encargo y, por supuesto, hace tiempo que soy una señora de la tercera edad.

Me tocó sentarme en el autobús junto a una mujer que durmió durante todo el camino, incluso en los caminos abruptos, donde su cabeza se azotaba con violencia como un péndulo a la deriva. Me pareció fantástico que no se despertara con nada. No obstante, la vida nunca es tan generosa, y en los dos asientos del otro lado del pasillo se apoltronaron un par de urracas que no dejaban de parlotear sobre exactamente los temas que menos me interesan, y tirar migajas de sus galletitas en un radio amplio. Desgraciadamente, en algún punto decidieron incluirme en su conversación, a pesar de que hundí la nariz en mi revista científica y me esforcé en no hacer contacto visual bajo ninguna circunstancia. En aquel momento hablaban de la terrible sensación en el siglo XXI de no poder salir a la calle sin el miedo a que apareciera un asaltante asesino en cualquier esquina. Creo que fue mi culpa de todas formas que me abordaran, porque debieron notar que esbocé una leve sonrisa al escucharlas. 

—Ay, Dios mío, sales al supermercado y ves a estos muchachos mugrosos y horribles, con esos tatuajes que… Cristo resucitado, y no sabes si cruzarte la calle o mejor hacer como que no los viste… 

—¿Y los padres? ¿Dónde están los padres?

—Tú nos entiendes, ¿verdad, querida? Luego, luego se ve que eres una señora distinguida. El otro día a Perenganita Gámez le arrancaron la bolsa y como se resistió le encajaron…

Lo único que hice fue asentir y sonreírle, y, mientras terminó de contar con más morbo que horror su historia sangrienta, fingí que le ponía atención, mientras me decía “vaya par de cretinas”, o algo similar. 

Siguieron el resto del camino inundando el ambiente, de otro modo agradable y plácido, de sonidos agudos destemplados, y yo pensaba que podría sacar el arma que disimulé con el contenedor de los panqués y robarles hasta los calzones a todos, bajar con el botín, despacio, porque me dolía la cadera donde me pusieron el clavo, y luego provocar un lamentable accidente para no dejar testigos, parecido al primero que provocamos Armando y yo en el golpe del ’65 con una bomba casera, mismo año en que nos casamos. También podría robarles en el hotel sin que lo notaran, y cortar los frenos para su fatal regreso, o simplemente darles una buena lección a aquellas dos, que juzgaban a los demás por su aspecto. Hubiera podido, y sin mayor esfuerzo, escabecharme a todos esos abuelitos y al chofer con provecho y sin dejar huellas, cosa que consideré seriamente por varios minutos, pero no. Mi trabajo era llegar a Xico y volar en mil pedazos la casa de vacaciones de un empresario con toda su familia y colaboradores dentro, y luego integrarme al recorrido para conocer las cascadas, que dice mi hijo mayor que son muy bonitas. Me gusta apegarme al plan original.


 

 

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sábado, 21 de marzo de 2015

ESTUDIAR ACTUACIÓN: LO QUE SE CREE VS. LO QUE ES

Esta entrada está dedicada a mis extraordinarios profesores de Actuación: Alicia Hermida, Jaime Losada y Ana Ramos, y de Literatura Dramática: Ilya Cazés y Fernando Martínez Monroy. 

Ya te entregué en una ocasión una entrada sobre lo que es estudiar Ballet realmente, enfrentado a algunos mitos comunes. Hoy haré lo mismo con las clases de Actuación, porque también es un área sobre la que a menudo se escuchan cosas extrañas, o al menos exageradas, y porque parece que no tengo tanta imaginación.  En fin: 

LO QUE SE CREE:

Voy a estudiar Actuación, porque no soy una persona seria, ni útil, y no tendré que preocuparme por las mismas presiones que tendría en otra carrera. Mis días serán un coctel de locura estrambótica y flojera, y cuando vaya a clase un par de horitas, solo bastará con lucirme y ponerme intensa/o nada más porque sí. Hell yeah!!



LO QUE ES:
Al día siguiente tengo que hacer un examen sobre las partes de un reflector, presentar una escena, no pude ir a ver la obra de teatro que había que analizar, y, peor aún, toca improvisación y todavía me duelen los músculos por la clase de expresión corporal. ¿Dormir? ¿Tranquilidad? ¿Qué era eso? Ya no lo recuerdo.... tal vez ya no lo recuerdo porque toda mi memoria está ocupada con el texto nuevo, y no sé cómo resolver el personaje. También he olvidado los rostros de todos aquellos que conocí antes de consagrar las veinticuatro horas del día a esto... oh, por Dios, mañana hay ensayo a las 11:30 de la noche... y ni siquiera estoy en mi casa ¿De quién es este sofá?

LO QUE SE CREE:
A partir de hoy sólo me dedicaré a ponerme disfraces y a hacer payasadas, y por fin dejaré atrás la escuela, para la que era malísima/o. No tendré nunca más que abrir un libro o que tener algún reto intelectual de ningún tipo, pues mi única tarea sera repetir como perico lo que otro escribió, para lo cual no requiero mayor conocimiento.


LO QUE ES:
Y yo que pensé que no volvería a sentarme en un pupitre a escuchar teoría, escribir y leer, y va resultando que para "repetir" lo que otro creó, hay que entender el tema, el trasfondo, y absolutamente todo lo que ocurre con el personaje, incluyendo lo que aquel otro no escribió, además de memorizar tal cantidad de diálogo que las fórmulas de física no eran nada. Para llegar a eso me tengo que aprender las teorías sobre estructura dramática desde todas las perspectivas, hasta el punto en que ya siento que conozco a Eurípides  personalmente; Historia, desde punto y coma de la épica y mitología griega, hasta de cuál fumaba Ionesco; Gramática, pero muchísima Gramática, podría vomitar Gramática; cosas tan fascinantes como en que posición está la lengua cuando pronunciamos cada vocal y consonante; Anatomía, porque hay que conocer el aparato fonador y los músculos que ayudan a moverse en escena, y todos los días de la semana tengo que leer una obra de teatro, o un libro de algún señor denso, como Grotowsky, o técnico, como Stanislavsky, que me dejan más confusión que respuestas respecto al arte dramático, o sobre quién soy, o porque soy, o si merezco existir. Por cierto, sobre cada uno hay que hacer un ensayo. 

LO QUE SE CREE:
Todo en la vida de un actor es glamour. Desde este momento mi estilo, sex-appeal y savoir-faire y otras cosas elegantes con un guión en medio no pasarán inadvertidos para nadie. Los reflectores me siguen, todos me aman y ganaré millones.


 LO QUE ES:
Me alegro mucho de que hayamos aceptado a Marielo como tercer roomate, porque por lo menos así ya alcanza para el gas para bañarse con agua caliente y tal vez cocinar, además de que me da aventón desde el restaurante de comida rápida en que ambos trabajamos en el turno vespertino. Espero que encuentre a alguien en la vida que me acepte y me ame sin rasurar o arreglar, porque no he podido hacerlo, y cuando tengo tiempo estoy cansada/o. Al diablo con el sex-appeal. A quién fregados le importa ser sensual o fabuloso cuando tiene que ver otra película de Bergman a la que no le entiende ni los créditos.

LO QUE SE CREE: 
En la escuela de Actuación podré sublimar mi narcisismo y todos los días me aplaudirán. Lloverán  aquellos halagos que me merezco, y hasta el último movimiento que haga lo observarán con asombro y admiración.






LO QUE ES: 
Nunca me aplauden en clase, porque no se puede, y porque además mis compañeros están hartos de verme repetir lo mismo dieciocho mil veces, sin mencionar que la mayoría de esas repeticiones salen de la patada, y mientras más de la patada salen, más crece la furia de mi profesor o director, a la cual hay que temerle como a los rayos de Zeus, y si llego a su límite me revelará que tengo defectos que ni siquiera sabía que existían. Me aplaudirán en la muestra al público, pero sólo si les gusta, para lo cual requiero trabajar muchos meses... y aún así la audiencia está en su derecho de no disfrutar lo que estoy haciendo, y cabe la posibilidad de hacer el ridículo o de que se duerman o  me abucheen.

LO QUE SE CREE: 
 El escenario y las cámaras son todos míos. Desde el primer instante derrocharé talento y aplomo, y mi gran genio artístico deslumbrará en cuanto se abra el telón.






LO QUE ES: 
Durante mi primera clase tenía que pasar y hacer una improvisación cómica de un pato humanizado con una enfermedad psiquiátrica que expresaba su ira a través de una acción simbólica, y no supe qué hacer. Quería llorar y correr con mi mamá, pero las piernas y el cerebro no me respondían. Ahora, cuando lo recuerdo, sigo queriendo ir a llorar con mi mamá, aunque ya debería haberme acostumbrado a que por lo general enfrentarse al escenario es difícil y embarazoso, sobre todo cuando se ensaya por primera vez.


LO QUE SE CREE: 
 Los actores son los mejores mentirosos porque, ¡rayos!, a eso se dedican.




LO QUE ES: 
--¿Pero por qué, chicos, si son tan buenos actores, cuando intentan mentirme se ponen nerviosos, y son tan malos que puedo ver a través de ustedes que algo no es cierto de una manera patética?

--Porque, ¡rayos!, actuar y mentir son dos procesos muy diferentes, y la ficción no es engaño puesto que sabes que yo no soy Hamlet ni Ofelia.  Además, a veces los actores más bien pecamos de demasiado sinceros, cuando debíamos cerrar nuestra bocota.



LO QUE SE CREE: 
Cariño, si pretendes romper mi seguridad, autoestima y amor propio más vale que tengas un taladro de muy alto poder.




LO QUE ES: 
Creo que no lo hago bien, es más, estuve fatal. Es más, merezco morir porque estorbé a mi compañero. Tengo la nariz chueca, se ve peor a cuadro, y cada cosa que me dicen me hiere de tal forma que sangra mi alma insignificante. No voy a poder lograrlo. Y luego, Cosme y Ruperta son tan buenos... nunca voy a estar a su altura. Y si me vuelvo a equivocar, ya valió sorbete la vida.





LO  QUE SE CREE: 

¡¡GUAU!! En algún momento me tocará pasar a hacer una escena romántica con ese mega bizcocho que se deshace de bueno. 







LO QUE ES: 
Claro que sí, pero también con todos mis demás compañeros, incluído el que no se baña, a la que le sudan las manos, el que tiene mal aliento, con la que me acabo de pelear y todos aquellos del género opuesto a mis preferencias sexuales, que no me inspiran ni el más mínimo asomo de atracción.



LO QUE SE CREE:
Enamoro a cualquiera que se cruce en mi camino de seducción y placeres dionisiacos orgíasticos. ¡Sexo, drogas, buen vino, sexo, autos deportivos, desenfreno, fiestas, sexo!





LO QUE ES: 
Si tengo suerte para comer algo mejor que un sandwich del minisúper de la esquina, considero que fue un día maravilloso. Es más, tengo suerte si hubo tiempo de conseguir algo comestible. Me gustaría mucho que me alcanzara el día para pasar un rato con mi pareja estable a la que amo... cuando consiga una.

LO QUE SE CREE:
Fui a una de sus fiestas, y me la pasé bomba, pero déjame decirte que muchos estudiantes de Actuación tienen medio flojo un tornillo.





LO QUE ES : 
Fui a una de sus fiestas, y me la pasé bomba, pero déjame decirte que la mayoría de los estudiantes de Actuación están más orates que una cabra desorientada.








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