sábado, 10 de enero de 2015

EL TAROT POÉTICO PROHIBIDO DE H. RUANO, CAPÍTULO 4


El loco, el colgado y el ermitaño.

 


El hospital psiquiátrico municipal no era tan perturbador, más bien triste. Los tacones de Iris resonaban en la loza como cinceles debido al profundo silencio, que sólo se rompía con el eventual movimiento de alguna enfermera. Al final del pasillo estaba la habitación de Iván Jara. Una conversación con él sería difícil, pues su mente divagaba a menudo o no encontraba la palabra correcta, pero definitivamente no fue así la noche que afirmó que Tadeo era su hijo.

Iris ya iba conociendo la condición humana un poco mejor, y por eso fue relativamente fácil encontrar el primer elemento para confirmar su sospecha de que Tadeo y Abigaíl mentían al asegurar que eran sólo sinsentidos del viejo. Por eso, fingió que su enamoramiento alcanzaba para creer cualquier cosa que Tadeo le dijera, y que continuaría con sus relaciones clandestinas aunque él no estuviera dispuesto a cancelar su compromiso. Tal como supuso, el día que logró que la invitara a su casa, Tadeo se quedó dormido con toda la seguridad de que Iris no tenía más intención aquella noche que dedicarse a adorarlo. No obstante, ella revisó cada objeto y documento de Tadeo, y encontró sólo uno, pero muy concluyente: el de cambio de apellido. El padre de crianza de Tadeo le había puesto su apellido y el de su esposa en sustitución de los originales: Jara Ruano. ¡Ruano!


Iris fumó y se comió las uñas de camino a la biblioteca. Allí buscó todo lo que pudiera sobre Hilda Ruano, la escritora desaparecida que había creado el juego del Tarot Poético. Sólo existía una fotografía de ella, vieja y deslavada, pero se notaban sus ojos claros y brillantes. Ya no tenía dudas, ella era la madre de Tadeo. En la hemeroteca, un periódico fechado en 1927, además de confirmar que Iván Jara era su esposo, hablaba de la historia de cómo el tarot poético se prohibió tras la muerte de Hilda Ruano, y se le acusaba a ella de ser una hereje que hacía culto al demonio. Iris ya había escuchado sobre eso, cuando Abigaíl le explicó con su tranquilidad característica que al formar parte de la partida de Tadeo, entraba automáticamente en el juego, aun en contra de su voluntad.

—Todos pensaron que Hilda era una bruja, pero claro que no. Eso la haría mucho más extraordinaria. Era una poeta mediocre, que tuvo una sola buena idea en toda su vida, que es este juego. Puede llegar a ser extremo, depende de como lo manejes, sí... pero no tiene nada que ver con ningún culto, sino con crear una poesía real y colectiva, en las vivencias, en lugar de las palabras… sólo a través de la vida se puede llegar a la inspiración. 

Desde ese momento, a Iris le pareció que el Tarot Poético no era demoníaco, pero sí una locura peligrosa. No obstante, todavía no tenía las agallas de discutir con Abigaíl Duarte. 

El siguiente paso en las pesquisas de Iris, después de la biblioteca, era obtener cualquier información que el prestidigitador de la calle pudiera hilar, para entender por qué Tadeo querría participar en lo mismo que manchó el nombre de su madre, después de matarla. Pero lo que Iris desconocía es que también él buscaba respuestas, y se encontraba en el hospital psiquiátrico al mismo tiempo que ella.

El silencio aquel del pasillo antiséptico se rompió de pronto cuando un hombre desde la habitación de Iván soltó un grito desgarrador por ayuda. Los médicos corrieron al final del pasillo, dándole algunos empellones a Iris. 

Iván había logrado colgarse sujetando las sábanas a los barrotes de la ventana, y quien acababa de descubrir la escena era Tadeo, después de haber logrado salir del baño, donde Iván lo encerró para que no evitara su suicidio.  


CONTINUARÁ...
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Imagen de ojos locos cortesía de num_skyman, soga anudada cortesía de Danilo Rizzuti y silueta en la montaña de FrameAngel en freedigitalphotos.net


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